Si hay un tema que me apasiona es la mentira. Y si hay otro, es la verdad. Si hay algo que agradezco a la improvisación es cómo me enseñó a complejizar estos conceptos. Porque el improvisador se dedica a mentir, y tiene que lograr la verdad a través de esa mentira. Pensaba que realidad y verdad eran la misma cosa, y hoy sé que no existe nada más erróneo que eso.
Lo que tienen en común es que ambas se tratan de habitar universos. La realidad es lo que sucede cuando habitamos un universo demasiado cercano, pero eso no garantiza la verdad. La verdad es lo que sucede cuando logramos habitar un universo ficticio, real o no, de una forma sincera. La verdad es lo que respiramos cuando decidimos estar en un lugar, cuando no obviamos las millones de unidades de acción que componen a una acción, cuando respiramos de verdad el olor del lugar en el que estamos de mentira, cuando encontramos nuestra próxima respuesta en ese lugar. Entre a escena con Nicole y me dijo “It’s rainning”, y le contesté “Yes. Maybe we don’t have to sell the farm in the end”. Porque la lluvia me llevó a habitar un espacio, y en ese espacio vi vacas flacas y pastos marrones, y esa escena fue de verdad, porque los dos estábamos de verdad en ese lugar.
Como dijo mi gran maestra Danna una vez, intentando aliviarnos, “es teatro, es mentira”. Y creo que eso es lo hermoso de nuestra especie, el acuerdo que hicimos para aceptar la mentira, y el acuerdo que hicimos para negar esa aceptación. Aceptamos un cierto tipo de mentiras, pero para no reconocerlo inventamos la palabra “ficción”.
Pero nunca me había encontrado mintiendo tanto abajo del escenario, y sobre esto trata este apartado. Vivir en otro idioma es estar obligado a mentir, porque la traducción es por antonomasia la gran mentira. A veces me encuentro mandando audios de Whatsapp a mis coterráneos y diciendo cosas como “Ellen me dijo, te pido mil perdones”. Y eso es una enorme mentira, porque Ellen no diría “mil perdones”, y tampoco diría absolutamente nada que no sea en inglés. Pero estoy seguro de que hubiera dicho eso si hablara en español.
Tampoco es verdad que Kyle me dijo “Pa, qué salado”, como me encontré diciendo el otro día. Pero es que uno necesita dar un reporte, y la necesidad de traducirlo obliga a decir una cantidad ridícula de mentiras todos los días.
Supongo que lo que quiero decir con todo esto es: “Futuros inmigrantes, prepárense para sentirse sucios”.
Chicago, 16 de setiembre de 2016
Siempre quise utilizar la expresión “I locked myself out” y hoy tuve la oportunidad de hacerlo por primera vez. El problema fue el siguiente: la puerta del apartamento tiene dos cerraduras, que abren para el lado de afuera y cierran para el lado adentro. Porque en este país, todo funciona al revés. Absolutamente todo, incluso el cerebro de uno de sus candidatos a la presidencia.
Siempre tuve problemas con la derecha y la izquierda, y la familia Arancet (que es mi segundo apellido paterno) ha llegado a la conclusión de que es un problema hereditario. Sabemos cuál es la derecha y cuál es la izquierda, pero nos cuesta establecerlo cuando ese dilema necesita un pensamiento rápido (debo aclarar que esta profunda indecisión sobre derecha e izquierda también vale para el campo de lo político en algunos de sus integrantes, por eso no hay nada más hilarante que escuchar nuestras discusiones en fin de año).
Naturalmente, también siempre me causó un gran problema el “Tire-Empuje” (estoy seguro que no me quedó por megustar nada referido a esto en la época de “las frases”), y ese problema se agravó profundamente desde que vivo en otro idioma. Porque, punto número uno, las palabras “Push” y “Pull” son demasiado parecidas. Punto número dos, las puertas siempre abren para afuera, cosa que en nuestro país está penada por ley. No me discutan esto porque van a perder, soy un experto en leyes estúpidas. Otra que conozco es que en el estado de Florida las mujeres solteras no pueden saltar en paracaídas los domingos.
Volviendo al eje principal de este texto, la puerta tiene dos cerraduras y Joaquín usa solamente una. Pero cuando me fuí en la mañana dos hombres mexicanos en el pasillo me avisaron que iban a entrar a cambiar los equipos de aire acondicionado. Naturalmente, no conocían la regla de Joaquín de discriminar a la cerradura de abajo, y tampoco que yo no tenía esa llave. Naturalmente iban a abogar por la seguridad del edificio y trancar con todas las llaves posibles. Naturalmente llegué a las nueve de la noche, muzzarella en mano, y no pude disfrutar de los nuevos equipos de aire acondicionado.
Tuve que llamar a Petar, el “ingeniero del edificio”. Es importante establecer que el “ingeniero del edificio” es el que lo limpia y tiene las llaves. Y como este es el mejor país del mundo, creo que podemos concluir que el camino es claramente buscar términos increíbles para los trabajos que la gente suele desprestigiar: abogada doméstica, economista de esperma, mondongo (ese último es la palabra que propongo para “político”).
Petar no estaba en el edificio y no llegaba hasta las once, pero me invitó a “relajarme” en el sillón del segundo piso. Comí mis dos porciones de pizza y miré un video de mi última función en Disculpá el Kilombo que estaba evitando ver por algún motivo. Después llamé a mi madre y hablamos un poco. Después le mandé mensajes a todos mis contactos de Whatsapp diciendo “Voy a decir algo que siempre quise decir: I locked myself out”. Para que entiendan el siguiente hecho de esta historia, es importante establecer que el sillón del segundo piso tiene una gran ventana de vidrio que da hacia la entrada, por lo que uno puede ver a los vecinos entrar y salir y no equivocarse con el lado para el que abren las puertas.
Empecé a sentir un poco de esperanza cuando vi entrar a mi vecina favorita. La conocí un día porque estaba sentado en la calle y salió a fumar un cigarro, e hizo un comentario sobre lo incómoda que era la regla de fumar cigarros afuera porque siempre tenías que hablar con desconocidos, y que ésta era una de las pocas veces en que estaba disfrutando esa actividad. Me cayó bien y me dio su celular por si “necesitaba algo del edificio”, y quedó ahí agendada como “Smoke girl”. Su novio era (sí, yo sentí la misma desilusión que ustedes) chef en uno de los teatros de Second City, y me dijo que estaba seguro de que era una persona cool si asistía a esa escuela.
Cuando la vi entrar me di cuenta de que podía acudir a ella porque sí necesitaba algo del edificio, y porque estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para salir del aburrimiento insufrible que estaba viviendo. Necesitaba un lugar divertido donde esperar a Petar hasta las once de la noche, y pensé que tenía que lograr que me invitaran a su casa. No tuve demasiado tiempo para pensar en mi plan, pero fue perfecto aunque no funcionó.
Sabía que se iban a tomar el ascensor del este al piso 4, y que iban a pasar por mi apartamento a la salida del ascensor. Pero cuando atiné a poner mi plan en ejecución, ya era demasiado tarde para tomar el ascensor antes que ellos. Entonces decidí llamar al ascensor en el piso 2 para hacerlos parar ahí y darme un poco más de tiempo para subir escaleras. Mi velocidad cardíaca me indicaba que iba a lograr mi plan de estar en el piso 4 antes que ellos.
Cuando llegara, todo lo que tenía que hacer era tirarme en el piso y poner mi cara de víctima (que me sale a la perfección) para darles un poco de lástima y lograr que me invitaran a mirar la televisión y comentar sobre el sinsentido de que Jimmy Fallon esté en un horario más central que Seth Mayers cuando todos sabemos que Seth Mayers está demás y Jimmy Fallon es un poco idiota.
Me tiré en el suelo teatralizando la cara más triste que pude y tomé la inteligente decisión de sacarme los zapatos, porque eso iba a dar la sensación de que estaba ahí tirado hace más tiempo (todo el plan pendía de que no me cuestionaran sobre mi agitación). Salieron del ascensor y me preguntaron “How was your day?” y yo contesté “Not that good. I locked myself out”. Y supe que los había convencido de mis planes, imaginé todos los argumentos que iba a utilizar en mi apología de Seth Mayers y me imaginé acariciando a su bull-dog y diciéndoles “You guys are the best. I can’t believe you are having me over, I really appreciate it”. Pero en vez de eso, lo siguiente:
-Oh, that’s too bad. -dijo ella. Y doblaron la esquina para seguir camino.
Supongo que la moraleja de esta historia es que no hay que pensar que la gente haría algo diferente a lo que haríamos nosotros aunque veamos a otro, metafórica o literalmente, en el piso.
Chicago, 20 de setiembre de 2016
Eran las dos de la mañana y decidí tomarme un descanso de Girls (la nueva serie con la que me estoy castigando) para tomar un poco de aire fresco. Un auto pasó a una velocidad tan alta como su precio, y después dio marcha atrás a una velocidad al menos peligrosa. Si algo aprendí de las clases de manejo que me daba mi padre en el campo a los once años es que manejar es como tocar un instrumento musical, que nunca se da marcha atrás demasiado rápido y que no tengo que tomar clases de manejo con mi padre.
Una mujer bajó mandando un audio de Whatsapp: I am at your place, bitch. Y me miró agresiva para decirme simpática:
-Hey, what are you up to?
-Nothing. Just watching girls.
-Oh, that’s a great show. I did coke.
-Do you live here?
-I am living here for three weeks, actually.
-Where are you from?
-I am from Montevideo, Uruguay.
-Could you say that again?
-Montevideo, Uruguay.
-Oh my god. Why are you guys so fucking sexy when you speak with that accent. I just had a Tinder date with an ex-cop who was using an old picture on his profile and he was so fat and he made me split the bill!
-It’s so weird cause that is an awkward situation but I really agree with splitting the bill.
-Yeah, me too. I was just looking for another reason to hate him.
Hablamos sobre Second City. Me dijo Are you funny?, y me preguntó si estaba consciente de lo enorme que era el lugar en el que estaba. Me dijo que estaba estudiando en un lugar que creaba dioses, y me gustó recordarlo porque a veces me olvido del big deal de lo que estoy haciendo.
Su amiga bajó y estuvimos conversando un rato. También estuvo de acuerdo en que mi acento era sexy y me invitó a ser su building friend. Después de un rato se fueron, porque iban a salir. No me lo dijeron, pero su amiga bajó con una copa de vino y ella estaba de merca y borracha y tenía barba. Sinceramente no creo que la barba sea un indicador de que vas a salir, solo que es un detalle que quería contar y no encontraba dónde ponerlo. Me dijo que tenía 45 y yo estaba out of her age.
Se fueron al grito de Let’s get some dick.
Me gustó hablar con alguien y que me advirtiera que estaba de merca, porque nunca tuve la capacidad de darme cuenta por mis propios medios. Siempre me dicen que es demasiado obvio, por lo que tengo que concluir que soy demasiado estúpido.
Chicago, 23 de setiembre de 2016
Quiero aprovechar estas líneas para decirle a mi inconsciente Hey, give me a break. Porque otra vez mis sueños empezaron en Uruguay, aunque esta vez terminaron en Estados Unidos. Estoy teniendo sueños tan increíbles que siempre tengo la capacidad de recordarlos, pero voy a escribir estos a través de un punteo porque me quiero volver a dormir.
-Mi profesora de impro de Second City me invitaba a ser su asistente en un taller de impro que iba a dar en mi casa. Me tiraba un pedo en la cara de una de las alumnas.
-Me dormía en mi clase de Stand Up, donde todos teníamos una cama en vez de un banco y la mía estaba escalones arriba. Mi profesor me vendía una polaroid que imprimía fotos de mi cara en un dólar.
-Me organizaban una fiesta de bienvenida en Estados Unidos pero todos eran de Uruguay. Una niña me señalaba y un mexicano, que sabía que era un narco, me tiraba un cuchillo. De repente, todo se llenaba de narcos tirándome cuchillos y yo tenía que correr. Pero me atrapaban. Yo salía de mi cuerpo de repente y me transformaba en una cámara que hacía un gran zoom hasta la ventanilla de un auto donde estaba secuestrado, y me encontraba suplicando por mi vida sin éxito hasta que decidía tomar la determinación de hacer algo por hacer algo. Agarraba la dirección del auto y lo hacía chocar en marcha atrás. Nunca había sentido un golpe tan fuerte en mis sueños, la columna me estallaba. Yo salía corriendo al mejor estilo Forrest Gump y la policía llegaba y mataba a uno de los narcos.
-Después de eso me levantaba de mi sueño y habían puesto un restorán en mi cuarto. Estaba perfectamente convencido de que en Estados Unidos era legal poner restoranes en los dormitorios de las personas. Tenía una discusión con una mucama japonesa que me decía que no había regado sus lirios en el fin de semana. Me preguntaba si estaba conforme con su trabajo y le decía que era una gran artista y ella se sentía ofendida. Salía y volvía a entrar y Maria Laura estaba ahí. María Laura era la verdadera mucama del apartamento, la primera persona en la que podía confiar en mi sueño, porque todo indicaba que me habían tendido una trampa. Le contaba que una japonesa había estado en el apartamento y habíamos discutido sobre los lirios, y Maria Laura se aterraba tanto que salía corriendo. Antes de salir por la puerta, se tranformaba en una grabadora de voz. Mis dos roommates, que eran un matrimonio conformado por dos viejos de sesenta años, intentaban mirar la tele. Yo solo intentaba grabar todo lo que sabía sobre la japonesa en la grabadora porque sabía que Maria Laura estaba ahí adentro, pero ellos se quejaban y me decían que hablara más bajo (estaban intentando mirar Canal 13 de Argentina). Empezaba de nuevo mi narración para María Laura y él se paraba del sillón al grito de “Te voy a romper!” y me daba una enorme piña en las costillas que me hacía despertar, esta vez de verdad.
Me voy a dormir, aunque tengo un poco de miedo.
Chicago, 26 de setiembre de 2016
I locked myself out again, y esta vez fue mi culpa. Salí a correr por la rambla de Chicago y corrí durante una hora y diez minutos sin parar. Todavía no puedo entender cómo logré correr tanto en mi primer intento. Creo que es porque no tenía tiempo para pensar en el infarto que estaba a punto de tener gracias a la fascinación que me causaban los lugares que estaba conociendo y cómo combinaban con la música que estaba escuchando. Lo hermoso de los rascacielos es que le recuerdan a uno que es verdaderamente pequeño.
Pero la cuestión es que decidí enganchar las llaves en mi short de hacer deporte y se escaparon en algún lugar, y corrí todo el camino para atrás intentando buscarlas y no las encontré por ningún lado.
Y ahora estoy sudado y me duelen las piernas y creo que acabo de abusar de mi capacidad física. Y como no podía ser de otra forma, estoy esperando a Petar, porque siempre estamos esperando a Petar.
Chicago, 27 de setiembre de 2016
Hoy corrí durante 55 minutos seguidos. No puedo salir de mi asombro.
Chicago, 28 de setiembre de 2016
Hoy no corrí, porque me duele absolutamente todo.


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