Chicago, 16 de setiembre de 2016
Unos días antes de venir, soñé que corría por la rambla montevideana (en mi inconsciente, hago deporte). Hacía calor, y pasaba por el hotel donde siempre se queda mi padre cuando va a Montevideo. Ese hotel tiene para mí un enorme significado. No porque mi padre se quede ahí, sino porque abajo del Hotel Ibis está la cancha del Enrique Lopez.
Mi padre me llevaba ahí a jugar al fútbol en mi infancia, y yo detestaba ese lugar. Para que sepan lo desastroso que era, una pequeña historia: la única vez que metí un gol fue cuando mi hermano invitó al arquero del otro equipo a jugar con piedritas. Mentiría si dijera que corría atrás de una pelota, corría atrás de la horda de niños con el único objetivo de que nadie se diera cuenta de que no entendía nada. Descubrí que me gustaba ser defensa porque había que quedarse ahí esperando a que el juego viniera, hasta que mi amigo Pedro me dijo que no funcionaba así: “tenés que correr igual, Manolo”. Una vez me mandaron al “medio campo”, y hasta el día de hoy no sé dónde tenía que pararme.
Hablando con mi abuela, hace poco, me enteré de que mi abuelo siempre le reprochaba a mi padre que me obligara a hacer eso. Lo dijo como si nada y de la forma más graciosa, haciendo su perfecta imitación de Nelson Lovesio digna de estar en Saturday Night Live. Y yo me reía, pero un poco también porque de repente, ya no me sentía solo.
Aprendí a perdonar a mi padre por eso. Porque para él, el fútbol es lo mismo que la amistad. Tal vez sea en el fútbol que él encuentra esa diversión eufórica que yo encuentro en el escenario, esa sensación de que todo lo otro se apaga por un momento. Cómo culpar a alguien que solo estaba queriendo transmitir una de las sensaciones más bellas del universo, el valor de la “barra de amigos” y otras expresiones que escuché hasta el cansancio. Claro que se equivocó, pero gracias a su error los dos aprendimos que los hijos no tienen que ser pequeñas versiones de sus padres, y yo entendí lo que hoy me salva, y es que en la vida hay que tener alguna pasión.
La cuestión es que esa noche soñé que corría por la rambla y pasaba por ese lugar. Mi padre bajaba de un auto y se alegraba de verme, pero yo decidía seguir corriendo. Atrás suyo, a lo lejos, una mujer negra con un tapado blanco de piel y un sombrero. El sueño era tan claro que podía interpretarlo mientras lo vivía (estoy seguro de que nunca llegaste a eso, Freud. O debo decir, Fraud). Corría a Estados Unidos para perseguir otra cosa, y ya había crecido, y él ya no me podía detener en esa cancha. No vamos a entrar en el simbolismo de que estaba corriendo. Saben los que me conocen que no hago deporte y que mi pasión es imaginar mis vidas perfectas donde corro por la rambla y soy empleado público.
Pero en esa corrida estaba la decisión de irme a otro lugar por un tiempo, la convicción diría, y por eso no puedo dejar de perturbarme con lo que sueño todas las noches desde que vivo en Chicago. Sí, todas las noches, o al menos todas las que me acuerdo.
Después de tomarme el Tizafen 4mg (adicción que me pasó mi prima Mati porque “nunca había dormido mejor en su vida” y que claramente no debería estar publicando en internet, sobre todo porque estoy por el último blister y es probable que en breves esté muerto), duermo plácidamente hasta las diez de la mañana. Los días en Estados Unidos empiezan a las siete, pero algunos somos noctámbulos y no hay con qué darle. Este sueño sucedió muchas veces, pero voy a contar las tres qué más recuerdo.
La primera vez que tuve este sueño hablaba con Vale Degener y le contaba que al día siguiente tenía que volver a Uruguay por un día a dar una conferencia (en mis sueños corro por la rambla, hablo con Obama y doy conferencias. Si el superyo no existiera, claramente sería infumable). Me habían ofrecido dar esta charla en una escuela de música antes de que supiera que me iba a ir del país, y no podía dejarlos plantados porque “sus alumnos estaban emocionados por escucharme”. En mis sueños, los aspirantes a músicos quieren escuchar mis charlas. En la realidad, busco la forma de tocar absolutamente todas las canciones en mi Ukelele con Do y una nota que existe y no sé cuál es. Les juro que funciona.
No sé si llegaba a dar mi conferencia, la realidad es que no me acuerdo, probablemente porque fue un desastre. Sucede que el inconsciente del inconsciente reprime lo que fue un desastre de los sueños y después lo manifiesta a través de los sueños de los sueños. Esto es, cuando uno sueña que duerme. CHUPATE ESTA NOLAN.
En otro sueño, mi ida a Uruguay no era por una obligación. Había planificado este viaje de cuatro meses a Chicago con tres días de viaje a Uruguay en el medio, por algún motivo que no entiendo. Pero siempre, y esto vale para los tres sueños, tenía esa sensación bien característica de estar de paso y en el lugar incorrecto. No recuerdo qué hacía en esos tres días, pero recuerdo que no me daba cuenta de que mi vuelo a Chicago salía en dos horas desde el aeropuerto de Carrasco y yo estaba en un ómnibus que iba por el Ombú de Bulevar España yendo a otro lugar (incidente incitador).
Me daba cuenta de repente, y no podía retrasar mi vuelo porque no iba a llegar a mi clase de voiceover en Second City. Esta era claramente una tarea para el Pepa. El Pepa es un amigo de mi padre (y de mi familia) que corre carreras de autos en super escarabajos (no estoy seguro de estar utilizando correctamente la jerga). La cuestión es que el Pepa llegaba con mi familia y mis valijas en un auto que iba a la velocidad de la luz (plot point número 1). Había un embotellamiento en la rambla, y supongo que fueron mis días escapándome al ciber para jugar al GTA lo que hicieron que decidiéramos, repentinamente, ir por el agua. Pero en un momento, yo me caía del auto y quedaba atrapado en un cine. Pero (plot point número 2), el Pepa me encontraba y me subía al auto nuevamente. Cuando llegaba al aeropuerto (crisis), me daba cuenta de que me había olvidado el pasaporte. Pero estábamos con el Pepa que claramente podía demorar quince minutos en ir a Sayago y volver a Carrasco. Llegaba con mis documentos y me subía a avión (clímax). Decidí contar este en los términos del paradigma de las narrativas cinematográficas de Syd Field, para que vean que se necesita mucho más que matemática para tener una buena historia. Si esto fuera una película, sería una basura, pero sería mejor que la de Natalia Oreiro haciendo de Gilda, aunque menos surrealista.
El último sueño sucedió en la noche de ayer. También había vuelto a Uruguay durante unos pocos días, y estaba agotado porque todos querían verme. Me bajaba del 582 en Ariel y Bell y decidía ir al 24 horas de Sayago. En la mitad del camino, me daba cuenta de que había tanto viento que podía volar. Decidía saltar y dejar que el viento me lleve hasta el 24 horas. Cuando llegaba a la esquina, una persona me agarraba de los pies y me devolvía al piso.
-Qué hacés? -le decía yo.
-Es que ya llegaste al 24 horas.
-Nunca bajes a nadie del aire, cuando está volando.
En mi inconsciente corro por la rambla, doy conferencias de música y invento frases dignas de una película de Cris Morena. Entraba al 24 horas y se transformaba en el Walmart de Lakeview pero ubicado en el mismo lugar que el Frigo de Sayago. Me enojaba por un motivo que no recuerdo con una empleada del super y le cantaba las cuarenta. Todo el recuerdo que tengo de eso es que le decía “me quisiste robar, hija de puta” y ella me decía “vaya, señor, vaya”.
Una chica me decía que lamentaba que me hubieran faltado el respeto de esa forma (en mi inconsciente, le digo “hija de puta” a una persona y a mí me están faltando el respeto). Decidía acompañarme a mi casa y al lado nuestro caminaba un ladrón, pero le pedíamos que no nos robara porque acabábamos de vivir una situación demasiado estresante y él lo entendía perfectamente. Nos contaba que un jugador de basketball de Sayago se había puesto un canal de televisión en el que se transmitía a sí mismo con la webcam de su computadora las veinticuatro horas del día, y después se iba.
Llegaba a mi casa y tenía una de mis charlas con mi abuela, que es algo que hago en Uruguay casi todas las noches (es importante que sepan que mi abuela vive atrás de mi casa). Mi hermana llegaba y se sumaba a nuestra charla, y yo quería contarle a mi abuela de un sueño que había tenido pero ella no me dejaba (Nolan, ésta también es para vos).
Veía un mensaje de Flo reclamando que la había dejado plantada. Sí, me había olvidado de que íbamos a ir a bailar salsa a la Bodeguita del Sur (les soy sincero, esta es la parte que más me preocupa). Me mandaba un mensaje detallando todos los ómnibus que me podía tomar para ir con sus respectivos horarios, y yo salía corriendo para ahí.
Pero en el camino, me daba cuenta de que estaba esperando algo (no me acuerdo qué) que iba a llegar a mi casa y tenía que haber alguien para recibirlo. Por suerte, me daba vuelta y veía una peluquería en la que estaba mi madre. Se había transformado en una peluquera, usaba de nuevo sus lentes viejos, había adelgazado aproximadamente treinta y cinco kilos desde mi partida a Estados Unidos y tenía la voz ronca. Todo lo que decía era para fastidiarme (pero creo que en realidad esa parte sucedió cuando ya estaba despierto y estábamos hablando por teléfono).
Pasaba por un restorán y me encontraba con una ex compañera de trabajo que se ponía a llorar porque había dejado con su novio. Estaba sentada en una mesa con todos mis compañeros de facultad. Íbamos para afuera porque ella sabía que yo era una gran persona para hablar después de dejar con tu pareja (en mi inconsciente, y debo reconocer que en la realidad) y terminábamos chuponeando afuera del bar. Le decía que esto no podía ser, porque yo estaba viviendo en otro país. Entraba de nuevo con ella para saludar a mis compañeros de facultad pero terminábamos chuponeando de nuevo en la entrada del bar. Todos nos veían pero a nadie le importaba porque no se conocían entre sí. Les preguntaba qué hacían, entonces, comiendo juntos y alguien me recordaba que estaba llegando tarde a bailar salsa con Flo a La Bodeguita del Sur.
Me despertaba y veía la bandera de Uruguay que Joaquín tiene al lado de la cama donde duermo. Y pensaba “claro, la concha de la lora, todo es culpa de esta bandera de mierda”.


Muy bueno, me gusta mas leerte. Segui escribiendo y publicando. Me alegro mucho de que te hayas ido, acumplir tus sueños..jejej no pienses mal. A cumplir tus sueños.
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