Bitácora de un uruguayo en el primer mundo

Bitácora de Chicago (o los apuntes de la libreta roja)


Canción llevame lejos
Donde nadie se acuerde de mí
Quiero ser el murmullo de alguna ciudad
Que no sepa
Quien soy
Hoy cumplo tres semanas en esta ciudad de teclados sin enies. Alguien me regaló esa canción y me pregunto si es porque sabe que la adoro o porque sabe que no podría haber una más perfecta para este momento. Y escribo esto mientras la escucho en modo loop sentado en un Starbucks, mirando por la ventana a los carteles en inglés, transeúntes que caminan de a dos y se aman y otros que no tanto, personas paseando a sus perros, personas de esas que vemos en las películas que caminan con un café en la mano. Creo que eso es lo más hermoso de esta ciudad, que todo se vuelve realidad de repente. Las personas hablan en ese idioma del cine, caminan con sus cafés, miran raro a los que fuman porque resulta anticuado y no miran raro a las personas de pelos violetas, porque acá se vive y se deja morir.
Leía la versión en inglés de mi libro favorito, y me acordaba de cuando éramos infinitos, de que aceptamos el amor que creemos merecer. Me acordaba de lo que era estar solo y de que era algo que no sentía hace tiempo. Pero también me acordaba de que la soledad acarrea cosas hermosas, esas cosas que le daban el título a las cartas de Charlie, esas ventajas de ser invisible.
Ser invisible es hablar terriblemente un idioma y que no te importe en lo más mínimo, es no tener que probar constantemente tu inteligencia, es ser un clown y disfrutar verdaderamente del fracaso, es ser ese actor que es una hoja en blanco y puede ser potencialmente cualquier cosa, es que esa canción vergonzosa se cuele en tu playlist de repente y que no tengas que asegurarte de que el volumen no esté demasiado alto.
Los que se pelean se aman, y me peleé con la soledad hasta enamorarme. Quienquiera que seas, del otro lado, te invito a vibrar con este cambio de código repentino, de la escritura melancólica a la sincera, y a leer esta bitácora que fui escribiendo todos los días en mi pequeña libreta roja. Porque casualmente todos los objetos que uso son rojos.
Lunes 1 de agosto de 2016
Hoy me reintegre al trabajo y junté fuerzas para hacer lo que debería haber hecho hace tiempo. Necesitaba una licencia y le había pedido un perifar grip a mi jefe para prepararlo para la noticia. A veces me sorprendo de mis estrategias brillantes.
Pero volví y le dije que iba a renunciar para irme a estudiar a otro país. Me dijo que le entristecía porque hacía un buen trabajo como asesor de call-center, pero que me deseaba toda la suerte del mundo. Le dije que a mí también me daba lástima irme cuando le empezaba a encontrar el gusto a mi trabajo. A veces, necesito mentir para no herir a la gente. Esa es la resistencia bajo la que me construí, porque esa incapacidad de ponerse en el lugar del otro corre por la sangre botánica contra nuestra voluntad. Por dentro pensaba “FIESTAAAA, por fin puedo renunciar a este trabajo horrible. Me duele la garganta hace dos meses y no estoy hecho para pelearme con la gente durante seis horas seguidas todos los días, aunque sea sorpresivamente bueno para pelearme con la gente”.
Viernes 12 de agosto de 2016
Terminé de ensayar mi nueva canción sobre el Pokemón-Go en la casa de Pablo. Siempre cantábamos juntos en los festivales de música del liceo y me sentía como si tuviera dieciséis otra vez, que es el nombre de una película espantosa en la que actúan Zac Efron y Chandler de Friends. Si hay algo que adoro es recordar sensaciones, sentir que soy de repente lo que fui en otro momento. Algunas sensaciones, debo decir. Porque hay un aroma de Fabuloso que compra la Quina y me recuerda a segundo de liceo y me deprime automáticamente. Convengamos entonces, que es hermoso recordar sensaciones pero es peligroso a través del olfato, porque ningún sentido se conecta de forma más fuerte con la memoria, la gran traicionera de las emociones.
Me fui a la casa de Guille, que me había dicho lo que luego me enteré era una espantosa excusa: “Vení porque me opero la semana que viene y no te voy a poder ver antes que te vayas”. Otra cosa que era importante decir es que, hace aproximadamente un mes, este viernes había sido reservado para una cena en el bar Las Flores con mis amigos. En lo de Guille, caí en la cuenta de que no iba a haber lugar en Las Flores y le escribí a Meche para pedirle la dirección de ese bar al que siempre íbamos después de impro. Flo siempre me dice que soy un pesado y necesito transformar todos los lugares en un spot. Creo que tiene razón. La cuestión es que Meche siempre contesta los mensajes y no me contestó.
Vicky mandó un mensaje diciendo que teníamos que ir a ayudarla a sacar unas cajas del salón de fiestas en el que trabaja antes de ir a la cena. Llegamos al salón de fiestas y le pedí a Vicky que me dejara tirarme por el tobogán. Me dijo que me dejara de romper las bolas y caminó hasta el fondo para buscar las cajas. Es importante decir que le estaba contando a Guille sobre una conversación profunda que había tenido con mi padre y me enojaba un poco que no me estuviera prestando atención, hasta que todo adquirió sentido de repente.
Doblé la esquina y un montón de personas que tenían máscaras con mi cara gritaron “Sorpresa!”. No sé cómo no me hice caca en los pantalones del susto. Porque nunca vi gente con intenciones tan buenas hacerme vivir algo parecido a la peor pesadilla de mi vida (en realidad, la segunda. La primera fue cuando soñé que mi tío nos cagaba a tiros a todos en la azotea y nadie moría. En mi inconsciente, mi tío de 70 años tiene una enorme capacidad para trepar muros de azoteas).
Es importante decir que en mi celular suenan los auténticos decadentes y justamente dicen “Soy un poco paranoico, lo siento”. Lucas me preparó una deep dish pizza, que es un plato típico e increíble de Chicago. A mi me pareció deliciosa y a mi yankee friend Heather le pareció, y cito, “un gran intento”.
Lunes 15 de agosto de 2016
Mi psicóloga me recomendó que no publique este diario, pero yo pago mil pesos por sesión para contradecirla. Creo que lo voy a hacer.
Sábado, 20 de agosto de 2016
Hoy me voy. Tengo la sensación de que el tiempo no me da para hacer todo lo que tengo que hacer, pero la realidad es que ya hice todo. Paso el día inventando actividades estúpidas. Me doy un baño de media hora y mi hermano me grita que soy un estúpido y que no voy a llegar a tomarme el avión. Como siento que tiene razón, solo me quedo abajo de la ducha veinte minutos más.
Es importante que sepan que mi hermano y yo tenemos un Record Guinness no reconocido, y es que somos los hermanos que hace más tiempo no se saludan. Empezó gracias al odio mutuo que sentíamos en la niñez y se volvió un objetivo cuando nos dimos cuenta de que podíamos romper un récord. Lo que más me preocupaba de este día era que nos iba a obligar a saludarnos. Una de esas situaciones en las que uno tiene que elegir ser una persona horrible o ser exitoso. Irónico, porque por lo general esas dos van de la mano.

El avión despegó. Montevideo es una ciudad hermosa cuando te estás yendo.
Domingo, 21 de agosto de 2016
Me desperté y pude ver a Miami por la ventana. Me preocupaba el hecho de que el avión estaba volando demasiado cerca del suelo. Todos sabemos que eso es un peligro, sobre todo cuando es casi 11 de setiembre y estás volando sobre Estados Unidos en un American Airlines.
Cómo asumen que soy parte de la ruidosa familia que me rodea, la azafata no me entrega el papel que -luego me enteré- tenía que llenar y entregar en migraciones. Hago toda la fila, llego a la ventanilla y me apoyo uruguayamente en el mostrador. El señor, que llamaremos P a partir de ahora, me grita “distance, man” con violencia. Pongo cara de inocente, porque es la que más me sale.
Me pide el papel que no tengo y me rebota. Consigo el papel y vuelvo, para recibir un “this is incomplete, man” por parte de P. Me había faltado firmarlo. Me podría haber dado una lapicera y dejar de jugar al policía malo, pero mis días en el call-center me habían hecho entender que uno a veces disfruta de hacer enojar a los clientes que le caen mal. Me pongo a pensar si suelo caerle mal a la gente (solía caerle mal a la gente en mi adolescencia temprana). Capaz mi yo en inglés era esa persona. Empiezo a tener un pequeño ataque de pánico en el aeropuerto. Firmo y vuelvo.
La tercera es la vencida, pensaría uno. Pero no. Porque la policía de Miami es como un Ku Klux Klan conformado por latinos que se dedica a combatir latinos. Es interesante, sería como que nuestras propias fuerzas armadas lucharan contra los uruguayos. Ah! Eso pasó. Todo esto tiene sentido. P me cuestiona sobre mi viaje, me pregunta agresivamente si dejé la facultad y me hace tomar consciencia de que lo había hecho. Le contesto enojado (sí, decidí tomar la peor postura posible) que me tomaba muy en serio mi carrera y que iba a volver al cursar al año siguiente. Saco mi escolaridad y la apoyo en su escritorio. Se enoja.
Empieza a gritar “We have an R, we have an R”. Miro a la gente en la fila y a P, que me miraba con cara de culo porque ese era su trabajo. Es importante decir que, en increíble concordancia con lo que estoy por contar, estoy escuchando la canción Loose Lips en este momento y justo suena la frase “We won’t stop until somebody calls the cops”. Vienen dos policías y me llevan a un cuarto extraño. Todavía no entiendo qué hice. Una mujer mexicana me explica que R significaba “Riesgo” según su teoría, riesgo de inmigrante ilegal. “Cómo van a sospechar que un comediante jóven que está viajando a la cuna de la comedia va a sentir la tentación de quedarse?”.
Me pregunta de dónde soy y le digo Uruguay. A los cinco minutos, me encuentro alardeando sobre el aborto legal. Me dice que lo que está ahí adentro es una vida y que es una falta de respeto a Dios matarla. Siento miedo de que se saque la máscara de repente y me diga “I’m your father”.
La llaman al cuarto secreto y no la vuelvo a ver. Me llaman a mí y me empiezan a hacer preguntas increpadoras intentando generarme miedo. Me preguntan quién pagaba por mi viaje, qué hacía en Uruguay (saco mi escolaridad y me doy cuenta de que tal vez solo quería alardear de mi promedio) y si tenía intenciones de matar al presidente.
Le contesto que no tengo intenciones de matar al presidente con una sonrisa. No porque me estuviera burlando de la pregunta, sino porque me encantaba la idea de que alguien pensara que tengo la capacidad de matar al presidente. Me dice que me tuvieron que detener porque algunas personas vienen a Estados Unidos y se quedan de forma ilegal. Tengo la bella idea de decirle que lo entiendo pero que me habían hecho perder el avión (por algún motivo, me veía con el derecho de reclamarle cosas a la policía de Miami).
Le doy un poco de lástima y me dice que tal vez llegaría si me ponía a correr. Corro por un aeropuerto de Estados Unidos con otra sonrisa: me fascinaba la idea de que todo era muy parecido a una escena de Mi Pobre Angelito. Llego tarde por diez minutos y tengo que esperar al próximo vuelo.
Decido hacer tiempo con mi primer desayuno yankee. Pido huevos revueltos, panceta y un pancake. Le pregunto a una mujer dónde está el azúcar y me pregunta de dónde vengo. Me encuentro alardeando sobre marihuana legal y fútbol cuando nada me interesa menos que el fútbol. Me invita a sentarme en su mesa con su hija. Ella era una abogada y su hija estudiaba para ser maestra de jardinera. Prefiero establecer ese momento y no el anterior como mi bienvenida a Estados Unidos.
Llego a las 12 del mediodía y me tomo un Uber que comparto con dos japonesas. No puedo creer lo que ven mis ojos cuando llegan al downtown de Chicago y no paro de decirlo. Noto un gran deseo por parte de todos de que me calle, pero no más grande que mi deseo de que me respondan.
Joaquín me recibe en su casa, en el bello Lakeview y saca fotos de mi llegada con su cámara profesional. Me sentía un famoso acosado por los paparazzis.

Ese mismo día voy a conocer Second City. No creo que me equivoque al decir que no existe un lugar más mágico en el mundo. Entrar por primera vez a esa puerta y pensar que en algún momento Tina Fey, Joan Rivers y Steve Carrell pasaron por esa misma situación.
Uno entra y siente esas energías, que para mí no es más que otro sinónimo de historias Las energías no son algo que existe en una dimensión paralela. Me gusta pensar a las energías como el devenir de la Historia con mayúscula. Las energías son lo mismo que el efecto mariposa, son lo que hacemos y las consecuencias inimaginables que eso genera en otro lado del mundo. Son eso que nos pasa por las acciones de otros seres que desconocemos y que, como sería imposible rastrear esas acciones, tomamos el camino facilista de llamarle energías. Pero las energías no son algo sobrenatural, son solo hechos con una verdad dificil de investigar.
Cuando se cruza la puerta de Second City se respiran las historias. Tina Fey y Rachel Dratch improvisando a esos personajes que serían sensación en Saturday Night Live, Joan Rivers diciendo hilarantemente no a esa propuesta de Del Close, Bill Murray naciendo. Lo bello de la improvisación es que levanta universos que de alguna forma siguen sucediendo, abre puertas a otras dimensiones y nos permite habitarlas por un momento, y luego las cierra de las formas más violentas. Amy Poehler también entró por primera vez a Second City en algún momento, e igual que yo no era nadie.
Tina y yo
Lunes 12 de setiembre de 2016
Dejé de escribir en mi diario y eso es un problema ahora que quiero publicarlo. Así que sepan que voy a encarar a partir de ahora. Como no tengo la memoria suficiente para rememorar cada día importante, voy a seguir con un punteo de hallazgos y pequeñas historias que sucedieron desde mi llegada:

  • Le pedí indicaciones para llegar a una pizzería a una persona, me sacó el celular de la mano, me enseñó irónicamente a usar google maps y me dijo que dejara de molestar a la gente. Todavía no puedo creer que no me pegó.
  • Hablé con Obama en mis sueños y le pedí ayuda para conseguir mi residencia legal. Me dijo que no había problema y que Osama Bin Laden estaba vivo.
  • Los cines tienen asientos reclinables y lugares para apoyar los pies.
  • La escena más divertida de mi vida como improvisador sucedió en Second City, e interprete a un conserje latino que terminaba cortándole el pelo a una mujer para no perder su trabajo.
  • Los yankees no se toman bien la forma uruguaya de saludar con besos en el cachete. Lo supe después de la piña que me comí el tercer día.
  • Los ómnibus siempre paran en la parada. Si ves a alguien que lo está parando, es uruguayo.
  • Comprar ropa es más barato que comer.
  • Intenté conseguir una jabonera por todos lados hasta que me di cuenta que no existen porque te dan jabón en los gimnasios. FIRST WORLD PROBLEMS AREN'T PROBLEMS.
  • Los caminadores de Estados Unidos tienen su propia televisión.
  • Los supermercados tienen cajas automáticas en las que uno se atiende a sí mismo.
  • La gente de Chicago es más simpática que los otros estadounidenses, dicen ellos.
  • Oprah es el gran orgullo de Chicago.
  • La deep dish pizza fue inventada por un originario de Texas, que es como si el mate hubiera sido inventado por un argentino.
  • Los yankees también odian a los argentinos.
  • Esa última la pude haber inventado.

1 comentario:

  1. Qué envidia. Yo nunca logré que me consideraran un Riesgo. Me encantó el uruguayo que hace señas al ómnibus. La mitad de los latinos que votan a Trump son latinos que no quieren que entren más latinos.Nunca dejes pasar primero a una dama para subir al omnibus. Te puede espetar un Fuck you. Más fotos. Excelente el texto. Polisémico, o yo medio distraído. Keep it up. Si querés llamo a tu terapeuta y le digo que vas bien.

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