Querido yo:
Tenía demasiadas preguntas para vos hoy cuando me levanté y decidí escribirte. Estaba preocupado. Me preguntaba por qué no estabas pudiendo con ciertas cosas, si los dos sabemos que tenés mucho más fuerza de la que te estás regalando en este momento. Quería chequearte. Ver si seguías sabiendo todo lo que aprendimos en este viaje o si había necesidad de revisitarlo, de ponerlo en nuevas categorías que te resultaran más amigables, más aplicables. Quería ver si podía salvarte y creo que puedo.
Quería escribir por vos porque sé que intentaste escribir demasiadas veces en esta semana y terminaste golpeando el teclado como tu hermana de seis años en sus momentos más caprichosos. La rabia que existía entre ese llanto que no era capaz de salir (porque capaz, lamento decírtelo, no estaba) y la amenaza de ese botón naranja que dice Publish. Porque sé que estuviste peor y que saliste, y que lloraste, lloramos, tantas veces, y de formas tan justificadas, que ahora sabemos más y no lloramos por cualquier cosa. Y vos pensás que no llorás porque no estás en contacto con tus emociones. Pero Manuel, sabemos que no es eso. Sabemos que no llorás porque no lo sentís. Digo. Es como dice Moria. Si querés llorar, llorá. ¿Pero si no querés? ¿Vas a llorar igual? No, Manuel. La respuesta es no. Porque yo no te voy a dejar.
Te vi teniendo seis años. Y me entristeció por vos. Porque en el fondo, sé que te duele que el mundo te trate como un niño más que ninguna otra cosa, al punto de enamorarte de la primera persona que no lo hizo. Entonces, cuando te vi haciéndote a vos mismo eso que te duele, decidí escribir por vos para salvarte. No porque tenga más poder que vos. Es sólo que de mañana entré a facebook y me encontré con eso que necesitabas hoy.
Acostado en tu cama, recordando ese pasaje de tu libro favorito que sabés de memoria: "La memoria, el juicio, el perdón. El amor era el perdón. Siempre, siempre, siempre". Y sabemos bien los dos cómo empezaba ese párrafo. El personaje se preguntaba si sabía lo que era el amor. Y recordando entre tus rabias y tus angustias y el exceso de tiempo torturante que te dio este receso (tranquilo! ya termina. ya vas a poder volver a ser un workaholic y ser feliz por eso. No juzgo tu felicidad de mierda.), vos te preguntabas lo mismo. Qué era el amor. Pero de una manera demasiado agresiva. Te diría que más bien te preguntabas qué carajo era el amor.
Y Manuel, yo puedo salvarte. No porque sepa más que vos, sé lo mismo. Somos lo mismo. Vos sos yo, yo soy yo, yo soy vos, y vos sos yo de vuelta. No soy un personaje inventado ni una especie de instancia narrativa. Soy la versión más pura de vos. La que se abstrae y puede ver las cosas desde la distancia y la que llega a las conclusiones más lindas a las que alguna vez llegaste.
Y si por un tiempo no te serví porque te hacía pensar demasiado, perdón. Lo sé. No sirvo para todos los aspectos de tu vida. Pero no me abandones, porque sirvo. Porque estoy para vos y me duele que intentes abandonarme, me hace sentir.... como un perro llorando amor. Podés conectar con eso. ¿Verdad que sí? ¿Te das cuenta hace cuánto que no escribímos uno de tus posts largos en facebook sobreanalizando una serie de televisión? Si a vos te encantan y a algunas personas también. Y a otras les parece demasiado largo pero nosotros sabemos que es nuestra pequeña revolución contra las mentes entrenadas para las lecturas cortas de internet. ¿Tengo que venir yo a escribir algo largo para que te des cuenta? Para que veas que es lo que te llena, para que conectes de nuevo con tu capacidad de encontrar las palabras que claro, sin mí no las tenías. Eso era. Por eso no encontrabas las palabras en el momento y te jodían con que no sabías comunicarte. Nadie te bloquea nada. Dejate de giladas y encará. Vos te bloqueás. Vos me bloqueás a mí. Tu mejor parte. Yo lo sé, tengo mis cosas malas pero soy tu conchuda mejor parte, la más comunicativa de todas.
Así que pará la oreja y escuchame. Y no voy a dejar que me contestes en el medio ni nada. No. Ni siquiera voy a dejar que tomes aire para decir algo. Porque ahora voy a hablar yo. Vine a hablarte en el momento en que puedo salvarte. Y de nuevo, no te salvo porque sepa más que vos. Te puedo salvar por esas casualidades de la vida, porque encontré eso que no estabas pudiendo ver.
Así las cosas: entré a Facebook hoy de mañana, Manuel. Sí, al tuyo. No cuenta como un hackeo porque soy vos. Y no sé si sabías algo, pero hoy es 13 de agosto. Hoy, hace dos años, esa imagen que te imprimí al principio de esta carta fue vista con tus propios ojos. Tu cara multiplicada por veinte e iluminada por linternas, ante tus ojos casualmente drogados que mandaron al cuerpo un espasmo que te hizo casi cagarte en los pantalones. El grito de "Sorpresa!" en aquel momento en que estabas... digamos que al menos sensible. Al menos.
Te ibas a Chicago por un tiempo, a estudiar esas cosas que estudiás para alimentarme. Para darme materia prima para seguir siendo un nerd que juega con la teoría de la improvisación de Spolin para explicarlo absolutamente todo. Y tenías taaaaanto miedo. Tanto miedo que te tuve que abandonar un poco yo en aquel momento, que tuve que encontrarte en Chicago y recién unos días después de tu llegada. Capaz que esto de abandonarme un tiempo es una venganza de tu parte. Pero no sé. Por lo que te conozco diría que es otra cosa. Sabés vos cuál, y yo también. Aunque yo pueda ponerlo en palabras y vos no, porque somos lo mismo.
Pero de nuevo. Llevate a ese momento. Y capaz ni siquiera a ese momento sino al momento después. Cuando toda esa gente se sacó tu máscara y gritó lo que gritó, llevate a la sensación que sentiste ese día. Sé que te va a costar admitirlo así que lo voy a hacer yo: te sentiste amado. Sentiste que sabías por primera vez lo que era el amor verdadero y te sentiste agradecido de haber elegido a las personas que elegiste. ¿Verdad? Y yo me sentí feliz por vos porque, en ese momento, veías las cosas con mucho más claridad.
Me cuesta ingresar a este terreno. Lo sabés. Lo mío tiene más que ver más con el ensayo académico que con el emocional pero: tus amigos son hermosos, tu familia es hermosa. Reconozcámoslo. No pienses que no sabés lo que es el amor incondicional porque lo sabés muy bien, y si en este momento no podés conectar con eso, lo lamento por vos. Lamento que aceptes saber menos de lo que en realidad sabés. Lamento que te engañes para poder sentirte sólo y para poder llorar, desde ese entendido imbécil que no sé de donde salió. Ese que te dice que si no podés llorar es porque no estás conectado y que deja afuera a todas las otras emociones que sí sentís. Esas que se sienten abandonadas por vos, como yo me siento abandonado por vos.
Para que veas que el abandono es inherente a cada momento de nuestra vida. Que todas las personas de este mundo estamos, necesariamente, abandonando de forma constante. No desde un lugar de desamor. Al revés. Desde el otro. Desde el amor a una nueva prioridad que tiene como consecuencia el abandono de otra. Todos estamos abandonando y siendo abandonados todo el tiempo. Yo lo sé. Te comprendo. Esa frase te hace querer llorar. Pero no vas a llorar. ¿Te das cuenta? Porque sabés que tengo razón y que no querés. Sabés que no querés y sabés que lo que digo en este momento lo explica todo.
Sabés que no creo que existan las casualidades. Pero que igual me hice amigo de tu parte más esotérica, esa que cree que existe esta especie de escritor del destino que llena a la vida de detalles poéticos e irónicos que la transforman en una cuasi-narrativa. Que incluso te llevo eso de decir que sos ateo cuando crees en algo que, Manuel, lamento decirlo pero los católicos le llamarían Dios. Sorry for that. Después lo hablamos. Si en el fondo sos católico eso va a ser toda una crisis aparte y necesitamos salir primero de esta. Ay no, eso sí que va a ser una crisis. ¿Viste? Hay cosas peores en la vida.
Entonces, el escritor ese que vos decís que existe hizo que tus amigos te organizaran una hermosa fiesta sorpresa el 13 de agosto de 2016. Todo para que Zuckerberg y sus ideas melancólicas de enfrentarnos todo el tiempo a nuestros recuerdos pudieran regalarte la respuesta que necesitabas dos años después. Hoy, en la misma fecha.
¿Qué carajo es el amor, Manuel? El amor es lo que vive en esa foto. El amor es esa foto. No solo el momento capturado, también las simbologías que se levantan de las máscaras. Ese análisis semiológico que sólo yo te puedo ayudar a hacer.
No hay demasiada complejidad en el momento en sí mismo y por qué te sentiste amado. Cualquier persona sentiría eso ante una fiesta sorpresa. La perplejidad de que un montón de seres se organicen en un esfuerzo que termina por ser una gran demostración de amor.
Pero lo interesante es lo que esa foto nos dice sobre el amor propio. Ese que te dejás caer hasta encontrar, hasta llamarme. Mirate directamente a la cara en cada una de esas máscaras. Mirá a los cuerpos de tus seres más amados y sus ventanas del alma cubiertas por la tuya.
Espero que tomes eso como una señal fuerte y que Barthes te habite por un tiempo para darte cuenta de todo. Que veas que los abrazos que recibiste en estos últimos días, cuando los necesitaste, siguen ahí para vos y que todos esos brazos están dentro del encuadre.
Que hay cosas que no te abandonan jamás y que sienten el mismo amor que vos sentís. Esas máscaras, Manuel, son la parte de vos que vive en cada uno de tus amigos. Las que te hicieron encontrarte este año con la aceptación más pura de vos mismo y te hicieron sentirte feliz. Inmensamente feliz. Desplazaron los conflictos en su momento justo hacia unos más adultos, más lindos. A unos que volvieron a desafiarte y que nos hicieron llegar acá, a este momento de angustia del que claramente, ¿me escuchás bien?, claramente vamos a salir.
¿Por qué te es tan dificil aceptar que te aman? ¿Por qué siempre estos aires de desconfianza frente a un te quiero? ¿No ves que te quiero y que duele que no puedas verlo? ¿No ves que el resto se puede sentir así y que también hay un dolor ahí? Sí, capaz que te están causando dolor pero lo importante, vos también lo causás. En el otro y en vos. Ese segundo me duele a mí. El otro le duele a tu persona empática.
Hoy sentís muy fuertemente la falta de amor propio, de la fuerza que regala. Pero Manuel, mirá esa foto. El amor propio no es más que una invención conveniente. El amor propio es el efecto de valoración sobre uno mismo que se explica por la recepción del amor de los otros.
Como vos me amás, yo me amo. Es simple. Como vos me amás, me conectás con las partes más amables de mí que me hacen amarme. Y el amor existe para eso. Para ayudarse a conectar con lo que no se sabe que está ahí, para ayudarse a descubrir.
Y en el momento en que alguien que te ama te revolvió toda la mugre de la piscina, vas a estar triste. Pero también, si es amor, vas a poder ver que te dejó el calderín en la mano para que vos termines de limpiar todo. Sabés que es así. No te apuro. Te espero. Cuando estés pronto para mojarte un poco prendemos el filtro y empezamos.
Si no te acordás de conectar con ese amor, con la esperanza de que todo va a estar bien, te regalo ese momento. Te invito a conectar yo cuando sé que no podés hacerlo. Te invito a cerrar los ojos y a escuchar la palabra sorpresa, a sentirte tan borracho como ese día. A ser infinito de nuevo.
¿Sabés algo? No te lo iba a decir pero lo voy a hacer. Porque no quiero que pienses que me gustan tus caprichitos pero igual, lo voy a decir. Creciste mucho, Manuel. Yo sé que ahora cuesta que lo entiendas, que repetís esa frase estúpida de "yo estaba tan bien estando mal" porque siempre genera una buena risa. Pero no te mientas. No seas imbécil. No estabas bien estando mal. Estabas para el orto.
Y sé que sabés esto. Sé que sabés que el posible dolor que vive en tomar un riesgo es más lindo que el dolor de no tomarlo nunca. De quedarte ahí esperando a que la vida pase. ¿Sentís dolor? Jodete. En una bien, jodete. Jodete porque vale la pena.
Sabemos que pasamos por acá para escuchar y aprender y que este dolor va a ser útil algún día. Que probablemente sea transformado en una de tus mejores historias para contar (estaba pensando en transformarla en el guión de tu tesis, de hecho, después lo conversamos) y que probablemente el dolor se vaya y solo quede el recuerdo del amor que te volvió... y sabés que no me gusta hablar en estos términos pero es inevitable... que te volvió una mejor persona.
Te invito a exhalar el dolor a tu tiempo, a abrir los ojos sin olvidarte de que la luz está prendida y te puede hacer mal a las retinas. Pero también a no subestimar la fortaleza de tus retinas, a saber que eventualmente podés separar las pestañas. Las pestañas. ¡Aj, las pestañas! Las pestañas que te enamoraron y que representan a ese ser nuevo de vos que ya no censura los impulsos, que cree en ellos y en su verdad. Que abraza lo que siente. ¿Sabés todo el dolor que sentí en todo el tiempo que no podías abrazarlo? No puedo no estar feliz por vos. Lo lamento. Lamento que vos seas un saco de lágrimas y yo una pequeña fiesta sorpresa, y lamento sentir que tengo mucho más razón que vos en lo que estoy siendo.
Te invito básicamente a ser feliz, desde el entendido de que la felicidad no existe pero sí su intento. Te invito a encarar.
Encará, Manuel. Encará.
Te lo digo porque este amor propio es muy real.
Con todo mi amor,
Manuel
PD: Proceso a hackearte tu blog para publicar esto. Porque los dos sabemos, transformar a este texto en una obra en sí misma es la única forma de que me creas.
---------
Querido yo,
Te escucho. Gracias.
Te autorizo a partir de ahora a todos los hackeos que creas convenientes.
Te quiero y de verdad te quiero. Espero que puedas entenderlo.
:)


No hay comentarios:
Publicar un comentario