Bitácora de un uruguayo en el primer mundo

Manuel y su audición para el Conservatorio: historia sobrenatural en cuatro piezas


Es tan extraña esta historia que no sé por dónde empezar. Probablemente porque está llena de milagros y casualidades, cosas que están por fuera de mi propia comprensión. Todo se siente como una especie de puzzle film dirigido por Christopher Nolan, específicamente como algo parecido a Inception. El mundo de los sueños colisionando con el mundo real en un tiempo circular, donde las categorías de tiempo pasado, presente y futuro desaparecen.

Cualquier cinéfilo sabe que un puzzle film no empieza nunca por el principio, que el placer radica en perderse. En intentar entender, para poder renunciar a entender. En aceptar que no entender es entender agregando piezas, crear esa especie de extensión del puzzle que vive en la mente de cada uno de nosotros, y que vuelve fascinantes a las conversaciones sobre narrativas laberínticas. El final que inventamos. Ya lo dijo David Lynch: "las personas entienden mis películas mucho más de lo que creen".

El verdadero principio de esta historia es un despertador que suena. Pero ninguna historia tiene algo como un verdadero principio.

Pieza número 1: Olga

Entonces, diría que todo empezó hace quince años. Mi (bis)abuela Olga murió, y vi a mi abuelo llorar. A upa de mi madre, entré a una sala velatoria por primera vez sosteniendo un ramo con doce rosas rojas que me habían dejado elegir. Me acuerdo que pensé que mis flores parecían más baratas que las coronas frondosas que estaban ahí, pero que estaba seguro de que las mías iban a ser las favoritas de mi bisabuela. Así que las puse arriba del cajón, en el lugar más privilegiado.

Mi abuelo entró llorando, vestido con un buzo de rombos beige, y me abrazó. Sentí ganas de decir algo, pero nunca encontré las palabras. Mi abuelo era mi persona favorita en el mundo, y yo era la suya. Extraños procesos que escapaban de mi comprensión nos unían, y todos sostenían que yo era una versión de él.

La muerte de mi bisabuela había sido una cuestión de mala suerte. El postre elegido habían sido las masas de frutilla de la panadería La Libertad, de Sayago (una comida que a mi abuela no le hace ninguna gracia ver). Aparentemente (me enteré años después), mi bisabuela Olga se atragantó con una y ya no había nada que hacer cuando llegó la ambulancia.

Siempre cuento esa historia con el cinismo que el gran amor que sentía por ella me permite. Porque, honestamente, creo que no existe una manera más graciosa de morir. Vivir toda tu vida, batallar la vejez hasta las últimas consecuencias y salir ilesa, para morir atragantada con una frutilla. El comentario no puede ser otro que "hilarante", y me encanta pensar que mientras mi abuela Olga tocía y luchaba por sacar a esa frutilla del ducto incorrecto con todas sus fuerzas, pensaba "estoy segura de que esto va a ser gracioso algún día".

Unos días después, sin nunca saber el motivo de su muerte, fuimos a visitar el cementerio. Mi hermana decidió bailar frente a la tumba, porque no había nada que mi bisabuela disfrutara más que ver a mi hermana bailando al ritmo de Thalía. 

-Basta, Paula. No se puede bailar en un cementerio -protesté.

Pero a mi madre le había parecido una idea magnífica: los Sburlati disfrutando de un pequeño número musical en su tumba. Y ahora que lo pienso, no se por qué no me pareció increíble. Si pudiera volver el tiempo atrás, cantaría la canción que mi hermana estaba bailando. Seguro era "Amor a la mexicana". Esa es la primera pieza de información de esta historia.


Pieza número dos: La capacidad de mentirme

Del conservatorio de Second City salieron todos mis ídolos: Tina Fey, Eugene Levy, Poehler, y una lista que podría continuar hasta el infinito. Es un programa donde se aprende a escribir sketch de pie a través de la improvisación. Para ingresar, hay que pasar por una audición donde uno tiene que mostrar todas sus capacidades humorísticas en dos escenas improvisadas de un minuto.

Uno de mis grandes sueños era ingresar al Conservatorio, pero ni se me había ocurrido intentarlo la última vez porque sabía que nunca iba a lograr una visa que me permitiera quedarme durante un año para cursarlo. Cuando llegué, exactamente un año después, muchos de mis amigos habían terminado el conservatorio y estaban haciendo sus espectáculos finales. Me senté en la primera fila a disfrutarlos, riendo a carcajadas y siendo feliz por ellos.

-I hate life. I wanna do Conservatory -le dije a Heather cuando llegué a casa.
-So why don´t you audition for it?
-I can´t. Visas.
-If there is a will, there is a way -contestó.

Tenía razón. Mandé un mail a Norm Holly presentándome y explicando mi situación. Dijo que nunca había tenido una situación así antes. Que era bienvenido a realizar la audición y, si entraba, podíamos conversar sobre ciertas posibilidades de hacerlo si decidía volver a Chicago. Había hecho algo bueno por mí, y decidí escribir la siguiente frase en el pizarrón: "Manu, te quiero. No te olvides".

Esa sensación de "incluso si lo logro, no lo puedo hacer ahora" me hizo estar tranquilo. Por lo general, me autoboicoteo en todos mis castings y audiciones. Incluso en las funciones de improvisación. Me pongo la presión de que sea perfecto, y termina siendo lo peor que puedo hacer. Cuando logro que me chupe un huevo, hago las funciones que más disfruto.

Mi estrategia era que me chupara un huevo, y algunas necesidades técnicas:
-No te preocupes.
-Hacé una escena donde interpretes a un personaje opuesto al de tu amigo, y otra donde lo espejes.
-No te preocupes.
-No te preocupes. Si lo lográs, va a estar demás. Si no lo lográs, tu vida queda en el mismo lugar.
-Acordate de tomar decisiones grandes, regalate un personaje y emoción. Regalale a tu amigo un nombre.
-En una escena, tenés que tener el estatus alto. En otra, el bajo. Así ven que podés interpretar los dos, que más allá de tu aspecto goofy, encorbado y sonriente, podés ser un sorete.
-No te preocupes, en serio, imbécil. No te preocupes.
-No planifiques tu primera línea de diálogo. Vos te das cuenta cuando el otro planifica su primera línea de diálogo. Ellos también.
-No te preocupes. Esto es lo más importante.

Al día anterior, Heather me preguntó cómo estaba para mi audición:

-I am so surprisingly fine. Like, I am not nervous at all. Cause that is my new approach to shows and auditions: stop keeping your hopes too up. If you get it, great. If you don´t, your life keeps going. I don´t give a fuck, and that feels so good.

Cuando terminé de decir eso, mi estómago empezó a dar vueltas. Comencé a tener esa sensación de preocupación que se confunde con angustia, algo que se estruja adentro del pecho. Afuera, se avecinaba una tormenta de nieve y una parte de mí quería que las audiciones se cancelaran por eso. Ahí me di cuenta de algo: mi capacidad de mentirme es enorme, y probablemente sea mi gran superpoder. Cuando terminé de decirle a Heather que no estaba nervioso, me di cuenta de que estaba cagado hasta las patas.

Al día siguiente, si todo iba bien, tenía que levantarme a desayunar mis tostadas con palta. Ir a mi clase de Harold en iO y tomarme el 72 hacia Second City, pasando antes por UPS a imprimir mi curriculum y mi headshot

Pieza número 3: El sueño

El despertador sonó a las diez de la mañana, como comienza cualquier texto malo. Me levanté, miré mi celular y no podía dar crédito de lo que estaba ahí. Voy a revelar ese dato después, solo para añadir un poco de suspenso. Me levanté directamente a escribirlo todo en el pizarrón. Tuve que borrar algunas cosas que parecían importantes, pero la urgencia es la urgencia. Cualquier escritor de sus sueños sabe que se olvidan demasiado fácil, que la libreta tiene que estar cerca de la cama.

El sueño había tomado lugar en un cumpleaños de quince donde estábamos todos los de la generación, ninguno en particular, uno inventado por mi inconsciente. De repente, cuando todos mirábamos a la quinceañera detrás de la torta entregando sus velas, mi tío (sigue vivo, así que vamos a llamarlo R) sacaba un arma y asaltaba el cumpleaños.

El miedo me paralizaba. Por suerte, tenía puestos todos mis abrigos de Chicago y podía cubrir mi cara con una bufanda. Sabía que iba a ser el elegido para ser asesinado: R no conocía a nadie más de las personas que estaban ahí, ¿por qué asaltaría ese cumple de quince? Así que ahí estaba, manifestando pánico para mí mismo con la cara cubierta. 

No era el primer sueño que implicaba a mi tío R y un arma. Ese sueño ya había sucedido en la azotea de mi casa. Había matado a toda mi familia y me había disparado en una pierna. Lo vi escapar hacia otro techo, agarré un arma (los sueños son como la improvisación, todos los objetos que necesitamos están cerca), apunté y nunca pude disparar. Lo que intento decir es que no hay nada misterioso en este sueño: toda la vida le tuve miedo a R, y si alguien va a asaltar mierda en mi inconsciente, claramente va a ser él.

Vuelvo a este, para la parte más importante de esta historia. La persona que estaba al lado mío (en adelante, F) se levantaba de las gradas y yo ya no estaba abajo de mi bufanda. F tenía también un arma, y era cómplice de R. Lo curioso sobre F es que no puedo encontrar su importancia en mi vida, aunque no paro de preguntármelo. ¿Por qué la persona más importante de este sueño era para mí tan indiferente? Un compañero de generación con el que nunca había tenido demasiado contacto. Ni fu, ni fa. Ni siquiera sé si algún día hablamos en las épocas del liceo (recuerdo que sí en la escuela). Ni siquiera me acuerdo si se graduó con nosotros o se cambió de liceo antes. Definitivamente X sería una elección de letra más apropiada para su personaje.

La cuestión es que F tomaba las riendas del asalto con una consigna. Una persona iba a comenzar a cantar una canción, solamente dos frases. Si el de al lado la sabía y podía continuarla, iba a sobrevivir. Si no, iba a ser ejecutado. Hermoso. Cuando la ola llegaba a mí, no conocía la canción que había cantado la de al lado. 

-No la sé -decía, y veía el arma acercándose a apuntarme.

Entonces, en ese momento, decidía no morir: tomando el ritmo de la canción, decidía improvisar algunas líneas. Por suerte, F no se daba cuenta y me perdonaba la vida.

No recuerdo cómo, pero el asalto terminaba y la persona que lo había comenzado ya no era mi tío R. Era mi abuelo, que estaba en la cocina del salón de fiestas encerrado. Todos intentaban detenerme, pero yo sabía que podía arreglarlo e iba a hablar con él.

Mi abuelo lloraba en la cocina, y la cara era absolutamente la misma que su llanto en el velorio. De alguna manera supe que estaba frente al mismo momento, pero ahora no tenía seis. Ahora podía leerlo: arrepentimiento. En el sueño, de haber arruinado un cumpleaños de quince. En la realidad, de no haberse dado cuenta de que una frutilla tan grande era demasiado peligrosa para Olga. Tal vez él había comprado las masitas ese día, lloraba la decisión y la pérdida.

-Te quiero, no te olvides -le decía en el sueño. Esas eran, probablemente, las palabras que no me habían salido cuando lo vi llorar por primera vez. Sinceramente, no había entendido del todo por qué había sentido la necesidad de escribir esa frase en el pizarrón, y ahora todo tenía sentido. Cansado de no quererse, Manuel Botana siente la necesidad de recordarse que se quiere. Como no se cree que pueda creerse un te quiero que se dice uno mismo, se ve obligado a decírselo a Nelson Américo Lovesio (según todos, una versión de Manuel Botana). Se ve obligado a recordarse que se quiere a través de otro, y como dice su biografía de twitter, no entiende por qué en este momento está hablando de sí mismo en tercera persona.

¿Se acuerdan que había dicho que había algo extremadamente misterioso en mi celular cuando me levanté? Era un globito de messenger: "F te está saludando". Cuando lo vi, la parte de atrás de mi cabeza se erizó, como si estuviera siendo acariciada por un fantasma. El mensaje de F, el asaltante del cumpleaños de quince, una persona con tan poca importancia para mi vida que el único mensaje en nuestro historial era un copie y pegue de un show que había mandado a todos mis amigos, había sido recibido a las 9:56. Cuatro minutos antes de que me despertara, lo cual eliminaba cualquier posibilidad de que me hubiera levantado en medio de la noche y lo hubiera visto, y que ese fuera el motivo por el que F había aparecido en el sueño.

Cuatro minutos antes de que sonara el despertador, F me había saludado. Había apretado la opción "saludar", tal vez de forma intencional, tal vez por error. En unas horas, todo iba a adquirir sentido. ¿Sentido lógico? Jamás. El sentido que yo tenía que elegir. Con ustedes, la pieza número cuatro.

Pieza número 4: La audición

No estaba nervioso cuando entré. Llegué con mi café de Starbucks en la mano (solo porque se siente como estar en una película) y llené el formulario para mi audición. Me senté en un sillón, me cambié las botas de nieve por unos zapatos más cómodos para improvisar y me enchufé los auriculares. Escuché la canción Turbio de Los Hermanos Láser tres veces, porque la estaba disfrutando y no había necesidad de cambiarla (ahora que lo pienso, gran título para el día).

De repente, mientras esperaba, el puzzle se armó en mi cerebro de forma repentina. La aparición de F en el sueño adquirió de repente todo el sentido del mundo. Mi inconsciente no estaba intentando ser gracioso cuando hizo que F nos hiciera cantar una canción en medio de un asalto. F estaba, literalmente, obligándome a jugar a punta de pistola. F estaba preparándome para mi audición, recordándome lo único en lo que me tenía que concentrar. El único ítem que no estaba en mi lista. Que no era más importante que los otros: era el único que debía estar ahí. La estrategia más obvia cuando uno audiciona en una forma de arte que fue inventada para niños: jugar.

Y el hecho de que me hubiera contactado por Messenger sigue sin tener explicación lógica, pero al menos se encargó de hacerme pensar en el para qué de su aparición. En otro caso, hubiera sido un simple personaje aleatorio de esos que aparecen. ¿Por qué él, particularmente? Ni idea.

Pero de repente, sentado en un sillón en el tercer piso de Second City, sonreí como un detective que había develado el misterio. Y la canción de los hermanos Laser musicalizaba de forma perfecta mi puzzle film. Esperé unos minutos y, abrí la conversación a las 15:59, un minuto antes de mi audición. Decidí saludarlo de vuelta, porque jugar solo se trata de seguir un patrón. "Tap to wave back", me dijo mi celular, y le hice caso. Extrañamente agradecido con una de las personas menos importantes de mi vida, apagué el celular.

En la audición, mi primer compañero de escena me transformó en su nieto. La puta madre, no puede ser, pensaba. Y la escena versaba sobre formas extrañas de amor propio. La conversación con mi abuelo en el sueño, también. La otra se trató sobre una compañía que fabricaba cigarros, y sobre dos empleados que hablaban sobre su deseo de terminar siendo los directores. La vida de Nelson Américo Sburlati, que empezó como camionero para transformarse en el gerente de Nevada, también. Crazy shit.

Y si algo tuvieron esas escenas, fue juego. Algo me hizo jugar. Tal vez F, tal vez yo a través de F, tal vez mi bisabuela muriendo en forma de comedia. Tal vez todas las casualidades que le regalaron al día una turbiedad inspiradora. Jugué y las personas se rieron de mis escenas. Con mis escenas (espero). Me abrigué y salí. La tormenta de nieve había hecho desaparecer al cemento, y de repente, me paralicé hipnotizado ante tanta belleza: rascacielos y árboles que nacían de la nieve. Como si, en una historia de ciencia ficción, una enorme ciudad hubiera aparecido de repente en un lugar desértico. Ese día, la ciudad también se disfrazaba de misterio.

3 comentarios:

  1. Muy bueno y hermoso Manu! Seguro leería un libro de historias tuyas escrito por vos, Congratulations!!

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  2. Sos increíble! La lectura fluye y es tan intrigante que no se puede parar de leer!

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